Les Grands Buffets; el festín francés que querrás disfrutar más de una vez en la vida

La gastronomía francesa, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010, es todo un referente mundial que abarca la reunión de comensales alrededor de un banquete para festejar acontecimientos y otros eventos importantes. Estas celebraciones incluyen una precisa selección del menú que se va a degustar, siempre elaborado con productos de calidad; la armonización de estos manjares con diferentes vinos; y una impecable preparación y ornamentación de la mesa.

Este arte del buen comer y del buen beber debe ajustarse a un esquema que comienza con un aperitivo y termina con una copa de licor. Como mínimo, el menú debe comprender entremeses, pescado o carne con sus correspondientes guarniciones y acompañamientos, quesos y postre, y debe contribuir al estrechamiento de los lazos familiares y amistosos. Como podéis ver, todo un ritual de sabor y buenos momentos que en De menú en menú pudimos vivir gracias a nuestra visita a Les Grands Buffets, en la ciudad francesa de Narbona.

Conocer Les Grands Buffets fue todo un espectáculo. Descubrir este pequeño “mundo gastronómico” dentro de un centro comercial en el que nadie podría imaginar que se oculta semejante sorpresa lo hizo aún más emocionante. Capitaneado por su creador y director Louis Privat, todo el equipo de LGB nos abrió las puertas para pasar una mañana entre sus innovadoras cocinas, conocer de primera mano el funcionamiento y la elaboración de cada propuesta, y deslumbrarnos descubriendo cada uno de los rincones del buffet.

Su razón de ser es clara: ofrecer, por un asequible ticket de 32,90 euros/persona, una cocina tradicional francesa de fiesta inspirada en los siglos XVII y XVIII a voluntad. De esta forma, se pueden saborear sin límite los platos de La Rostissérie, La Mer, La Fromage y La Pastissérie, a los que se suman otros guisos y elaboraciones del día. Todo ello conforma uno de los buffets más grandes de Europa, con una de las selecciones de quesos más impresionantes del mundo, y que en febrero de 2018 se convertirá en la mayor oferta quesera con más de 100 variedades.

Escoger qué comer en LGB es complicado, pero hay algunos platos que no os podéis perder. Nuestra recomendación es comenzar por los productos del mar y dejarse engatusar por su recientemente inaugurada fuente de bogavantes. Las ostras de Thau y de Gruissan, el buey de mar o el salmón ahumado también hay que probarlos.

Continuaremos por La Charcuterie, degustaremos alguna de sus imprescindibles variedades de foie-grass, y pasaremos a La Rostissérie, el inmenso asador panorámico situado en el centro del restaurante. Aquí se cocinan al momento los platos escogidos por cada comensal entre los que destacan la coquille St.Jacques, el bogavante con salsa americana, el solomillo al foie, el magret de pato, el rodaballo entero asado, las ancas de rana, los caracoles de Bourgogne, el tuétano a la flor de sal, o un clásico steak tartar de carne de caballo.

Completan la oferta salada los asados que dan vueltas lentamente en las brochas de La Rostissérie. Cochinillos enteros, ternascos, pollos de granja y codornices se suman a los guisos ya preparados de carnes, pescados, verduras, legumbres y guarniciones infinitas, todos ellos listos para servirse mientras esperan calientes en grandes fuentes de latón.

Para rematar la parte salada hay que perderse entre su buffet de quesos, una de las propuestas más completas del mundo: Camembert, Saint Nectaire, Comté Salers, Morbier, Reblochon, Brie, Roquefort, Munster, rueda de Parmesano y un irresistible Gorgonzola cremoso son sólo algunas de las 45 variedades por las que merece la pena dejarse un huequito en el estómago.

Pero esto no acaba aquí. ¡Llegan los postres! Y con ellos otra difícil decisión a la hora de escoger. Más de 100 opciones dulces, entre las que no podían faltar las tradicionales recetas francesas, se coronan con una gran fuente de chocolate. Tartas Tatín y Saint Honoré, Selva Negra, milhojas rellenas de crema, cannélés bordelais, merengues, crêpes al gusto elaborados al momento, éclairs, arroz con leche, mousses, helados artesanos y los delicados macarons se elaboran cada día a manos de los maestros pasteleros de LGB.

Como no podía ser de otra manera, en Les Grands Buffets toda comida se acompaña de buenos vinos. Para facilitar el maridaje y dar a conocer la excelencia de los caldos de l´Occitanie, en el restaurante se pueden degustar (también por copas, desde 1,9 euros hasta los 39 euros de un magnífico Clos des Fées) todos los vinos de la región entre sus más de 70 referencias. El precio de las botellas, que también pueden comprarse para llevar a casa, es el mismo que si se adquirieran directamente en las diferentes bodegas.

El viaje.

Gracias a Renfe – SNCF en Cooperación realizamos este viaje gastronómico desde Madrid (5 horas y media) sin bajar del tren, y pudimos conocer las diferentes rutas que unen España y Francia de manera rápida y eficaz. Toulouse, Carcasona, Narbona, Marsella, Lyon o incluso París, son algunos de los 21 destinos que esta alianza ferroviaria conecta desde 2013.

Menos tiempo de espera, un control de acceso muy ligero, mayor comodidad en asientos y espacios comunes, una perfecta conectividad entre estaciones y muchas otras ventajas más convierten estos trenes de alta velocidad en la opción más placentera para viajar al país vecino. A todo ello le sumamos el encanto de los diferentes paisajes a través de la ventana.

Las visitas.

Narbona y Carcasona son las dos ciudades que nos han acogido en esta ruta gastronómica. La primera, por ser el enclave donde se encuentra Les Grands Buffets y uno de los destinos a los que se puede llegar desde Madrid sin bajarse del tren. La segunda, por contar con una ciudad medieval Patrimonio de la Humanidad y rodeada de dos impresionantes murallas.

Encanto, historia y tranquilidad son tres buenas razones para acercarse a conocer estos dos enclaves franceses. En Narbona visitamos la impresionante catedral de San Justo y San Pastor, compramos queso en el mercado de Les Halles y disfrutamos de una instantánea “a vista de pájaro” desde la torre del Ayuntamiento. Por su parte, en Carcasona recorrimos las murallas descubriendo mágicos rincones de los siglos IV (interior) y XIII (exterior), nos perdimos por sus calles y nos enamoramos de sus tradicionales comercios de dulces y otras artesanías del lugar.

El alojamiento.

Nuestra primera noche la pasamos en Domaine de la Ramade, situada en el macizo de La Clape y a sólo 3 kilómetros del mar Mediterráneo. Esta casona, dedicada a la producción de vino de agricultura orgánica, cuenta con 15 hectáreas de viñedos, 2 de olivos y las cabañas, donde se encuentra el edificio principal y las habitaciones anexas.

La anfitriona de nuestra visita fue la encantadora Julie quien, con ayuda de su marido y su hija, se encargó de que nuestra estancia fuera una auténtica delicia. Después de degustar algunos de sus vinos y de disfrutar de una entrañable charla en el salón principal, pasamos al comedor donde nos ofrecieron una cena con recetas tradicionales de la cocina francesa, elaboradas por la misma Julie. Dormir en este remanso de paz y amanecer con un desayuno a base de croissants caseros de mantequilla nos hizo despedirnos con mucha pena de este encantador lugar de Occitania.

En Carcasona nos alojamos en el Best Western Hotel Le Donjon, situado en el centro de la ciudad medieval, dentro del recinto amurallado. A la hora de la cena escogimos la Brasserie Le Donjon, donde pudimos probar la tradicional cassoulet, un guiso de alubias con verduras, carne y embutidos, servida en cazuela de barro. Una elaboración muy sabrosa, contundente e ideal para compartir y afrontar el frío de los meses de otoño e invierno en Carcasona. Sin lugar a dudas, el broche de oro para un viaje exquisito que nos gustará poder repetir muy pronto.

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Más información sobre Les Grands Buffets, sobre las rutas Renfe – SNCF en Colaboración y sobre nuestra experiencia durante este viaje.